En uno de los últimos libros que he leído “Cooperación o extinción”, Noam Chomsky plantea que estamos ante un cruce de caminos: o somos capaces de cooperar a escala global o nos arriesgamos a desaparecer tal y como conocemos nuestro mundo.
La Tentación
Hay una tentación muy humana cuando montas un producto tecnológico: tenerlo guardado bajo llave hasta que esté “perfecto”. El problema es que ese momento nunca llega. Y mientras tanto, no tienes producto, tienes un secreto.
Durante meses, en Saltra tuvimos lo que internamente llamábamos “el secreto”. Habíamos construido algo en lo que creíamos, y lo protegíamos como si publicarlo antes de que fuera perfecto lo fuera a romper. Compartirlo con clientes reales, con el sector, incluso con competidores, se sentía como un riesgo innecesario.
En tecnología, y más en SaaS, el conocimiento no se acumula encerrado: se adquiere cuando se comparte, se contrasta y se pone a prueba con clientes reales. Las sinergias, las alianzas, las conversaciones incómodas y hasta las críticas son las que afinan el producto.
Aunque a veces cueste verlo, hay mercado para todos: el reto es ejecutar bien, no “matar” a la competencia. Además, no hay mejor y mayor validación de un producto, que la réplica del mismo. Si te copian, si toman tus ideas, seguramente algo estás haciendo bien.
El mito de ir solo contra el mundo
Nos han vendido demasiadas veces la historia del genio solitario que construye algo perfecto y luego revoluciona el mercado. Y a todos, en algún punto, nos ha gustado pensar que somos únicos, que somos unos genios, en cualquier faceta de nuestra existencia. La realidad es que somos más vulgares de lo que creemos.
Quien llega antes con algo útil, aunque esté “a medias”, aprende antes, mejora antes y se coloca mejor. Te ayuda a superar tus sesgos, mejorar tus ideas, vencer tus miedos y te da otra perspectiva en cuanto a la validación. Cuando compartes, te expones. Pero también creces. Escuchas problemas reales y es de gran ayuda para virar el rumbo, si fuera necesario.
Competir, sin obsesionarse
Competir no es malo en sí mismo. Impide que hagamos cosas producto de la inercia, mejora y clarifica nuestras propuestas de valor, lo que conduce a que cuidemos mejor a nuestros clientes. Convertir la competencia en obsesión, es una torpeza. No todo debe girar alrededor de ganar al otro, porque perdemos el foco: ayudar de verdad al cliente, construir algo que dure años.
¡Atención! En el mercado hay espacio más que suficiente para varias soluciones, varios enfoques y varios modelos. La cooperación, incluso entre supuestos competidores, abre puertas que la guerra constante cierra: integraciones, acuerdos, proyectos compartidos, aprendizaje mutuo.
La ficción del “sólo puede quedar uno”
En la película “Los Inmortales”, Connor MacLeod vive en un mundo donde sólo puede quedar uno. Ese tipo de lógica funciona muy bien en el cine, en batallas y combates épicos. Y ahora, 40 años después, con una nueva versión en camino, sigue siendo una historia que engancha. Insisto, nos gusta pensar que somos únicos.
En la vida real, en los negocios reales, esa idea de “o yo o tú” suele ser absurda, no caigamos en la falacia del falso dilema. No estamos en un torneo donde al final del día sólo una empresa puede seguir de pie. Para una presentación, para impactar puede servir, pero estratégicamente es una mala base para la toma de decisiones.
Chomsky, cooperación y futuro
Chomsky lo dice con más dramatismo del que yo usaría, pero tiene razón: si seguimos construyendo un mundo basado en el conflicto constante, pagaremos las consecuencias en un futuro no muy lejano. Aplicado a nuestro pequeño trozo de realidad —las SaaS, los negocios, los productos— el mensaje es el mismo: la cooperación multiplica, la competición mal entendida desgasta.
En la vida real, por suerte, no es así: hay sitio para construir juntos, compartir conocimiento, tejer alianzas y crecer sin necesidad de exterminar al de al lado. Este blog, y el proyecto de Saltra, se apoyan en esa idea: se llega más lejos compartiendo que escondiendo, y aún más lejos cooperando.
¿Qué estás guardando como secreto ahora mismo porque “todavía no está listo”? ¿Y qué pasaría si lo abrieras a diez personas que tienen exactamente el problema que intentas resolver?