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Cuando la copia es un halago

Del proceso a Saltra. De la cabeza al mundo

Un proceso no debe nacer perfecto, tiene que nacer útil. La primera versión de cualquier SaaS está llena de huecos, parches y decisiones tomadas con más intuición que datos. Lo importante es que deje de vivir en tu cabeza. Que exista y se pueda usar, se pueda criticar y se pueda mejorar. Al principio, la parte de la crítica no la llevaba bien, hoy sé que es parte del proceso y que así debo asumirlo.

En Saltra, el camino fue así. Identificar qué problema nos dolía más en el día a día de la gestión laboral y resolverlo de la forma más simple posible y, aunque costó, aceptar que la primera versión sería una mezcla de aciertos e improvisaciones. No era perfecto, pero era claramente mejor que seguir improvisando con excels y correos interminables.

Diseñar el proceso y dejar que otros lo pongan a prueba

Antes de escribir una sola línea de código, merece la pena observar cómo haces tú las cosas: qué haces primero, qué decisiones tomas, cómo sabes que salió bien. Esas respuestas son tu proceso, y de ahí nace tu producto.

Cuando ese proceso se convierte en software, el usuario se vuelve tu espejo más cruel y más valioso. Le das el proceso a alguien de tu equipo y simplemente observas dónde se confunde. Cuando se confunde, no es que el proceso falle, acabas de ver lo que faltaba. Cada duda, cada clic perdido, cada oye, esto dónde está es una línea más en el diseño de un producto mejor.

La prueba definitiva es que otros quieran hacer tu producto

Puedes diseñar un proceso impecable en Miro, hacer una hoja de ruta preciosa en Notion y una presentación de cine para inversores. Pero la verdadera prueba de fuego de tu SaaS llega cuando otro decide que quiere hacer algo parecido a lo que tú has hecho.

Si alguien investiga Saltra, analiza cómo resolvemos la gestión laboral y se plantea lanzar un producto similar, hay dos lecturas posibles. La paranoica (me van a robar la idea) y la estratégica (lo que he construido tiene sentido, es bueno y toca un problema real). Que alguien intente ocupar tu mismo espacio de mercado es una señal de validación brutal, tu proceso no sólo funcionaba para ti. Funciona en la cabeza de otros.

El Talento de Mr. Ripley

En “El Talento de Mr. Ripley”, Tom Ripley asesina a Dickie y se hace pasar por él para vivir su vida, hasta que la mentira se desmorona. Es la historia de alguien sin identidad propia que decide robar la de otro, literalmente.

En nuestro caso, un pez gordo con el que colaborábamos intentó eliminarnos a nosotros del mapa. No con un remo en una barca en Italia, pero con tácticas empresariales que buscaban lo mismo. Quedarse con la oportunidad y borrar al pequeño. Tras el enfado inicial, la lectura fue distinta. Si alguien con más recursos intenta apropiarse de tu posición, es porque tu producto, tu proceso y tu enfoque tienen valor. ¿Qué hizo? ¿Cómo lo hizo? Mejor no dar detalles. Algún desvelo costó, a veces lo empresarial trasciende a lo personal. Es incómodo, pero también es una señal de que estás en la senda adecuada.

Proceso, producto y empresa. El triángulo que te acerca al éxito

Que te copien el proceso, que te imiten el producto o que intenten asfixiarte desde una posición de poder no garantiza el éxito, pero sí te indica que no estás jugando a un juego irrelevante. Has tocado una pieza clave del puzzle.

El éxito real llega cuando ese proceso se sigue ajustando, cuando el producto mejora versión tras versión y cuando las otras áreas de la empresa —ventas, soporte, finanzas, marketing— se desarrollan con la misma disciplina. El proceso te pone en el mapa y la ejecución constante en todas las áreas es lo que te mantiene ahí cuando los “Mr. Ripley” de tu sector aparecen a probar suerte.

Si mañana alguien intentara copiar tu producto, ¿te enfadarías más por el riesgo o te alegrarías en secreto porque, al fin, tu trabajo ha demostrado que merece ser imitado?