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¿Y si tu SaaS fuera como una relación de pareja?

Hay una pregunta que me planteo (y me plantean) con frecuencia. ¿Mi SaaS me lo tiene que hacer todo o, si me soluciona los puntos críticos, es suficiente? Detrás de esa pregunta, en realidad, hay otra. ¿Me caso con un único sistema que lo controle todo o acepto que voy a vivir con varias plataformas, pero bien avenidas?

Vamos, lo mismo que en las relaciones humanas.

¿Un solo “gran amor” o varias relaciones sanas?

Traducido a tecnología, el dilema suele ser este.

Me creo mi propio ERP a medida e intento controlar todo desde ahí o integro varias plataformas especializadas, con un acceso único y que cada una haga muy bien su parte.

La primera opción suena tentadora, un único amor, un sistema que lo hace todo. Todo está dentro y, en teoría, nada se escapa. El problema es que ese amor suele salir caro, es muy celoso de los cambios y cuesta muchísimo romper cuando ya ves que la cosa no funciona.

La segunda opción es más moderna, aceptas que no hay una herramienta perfecta, pero eliges bien con quién te relacionas. Buscas que se hablen entre ellas, que sean flexibles, que no te aten de pies y manos. Y tú mantienes el control de la arquitectura.

Cuando Harry encontró a Sally y cuando tú encuentras tu SaaS

Piensa en la escena de “Cuando Harry encontró a Sally”, en Nochevieja, cuando Billy Crystal se declara a Meg Ryan. No le suelta un discurso de virtudes perfectas. Le recita una lista de manías, defectos y rarezas que, precisamente, hacen que la quiera.

Con un SaaS pasa algo parecido. No existe la herramienta perfecta, menos aún en España, donde la legislación laboral y fiscal es un deporte de riesgo. Siempre va a haber algo que no hace, algo que hace raro, algo que te toca complementar con otra solución o con un proceso interno bien definido.

La clave está en decidir qué defectos estás dispuesto a aceptar y cuáles son innegociables.

Lo que de verdad tiene que hacer tu SaaS

Tu SaaS no tiene por qué hacerlo todo. Pero hay puntos críticos que sí tiene que resolver muy bien. Lo que impacta directamente en nómina, obligaciones legales y sanciones, que si se hace mal, te genera conflictos con trabajadores o con la administración y lo que hoy llevas en una hoja de cálculo o a mano y te hace perder horas.

Si tu SaaS resuelve de verdad esos puntos críticos, con fiabilidad y sin que tengas que pelearte con él cada día, ya es muchísimo. El problema viene cuando intentas que una única plataforma lo haga todo y terminas adaptando tu empresa a la forma de pensar del software, en lugar de al revés.

Cuidado, tampoco te enamores de quien te complica la vida

Igual que en las relaciones humanas, también nos pasa esto. No es la persona adecuada, pero la ilusión que me hace.

En SaaS, la versión de esto es enamorarte de una herramienta porque tiene una interfaz preciosa, la demo fue impactante y tiene mil funcionalidades que, en el fondo, no necesitas.

Y luego llega la convivencia diaria. Integraciones que no llegan, soporte que tarda, flujos que son más rebuscados que tu sistema actual, informes que nunca cuadran con la realidad. Y tú haciendo malabares para que el sistema encaje en tu empresa.

Aunque no encontremos un SaaS que lo resuelva todo, tampoco se trata de enamorarnos de un SaaS que nos complica más la vida de lo que nos la resuelve.

¿Desarrollar tu propio ERP? La tentación del si lo hago yo, estará perfecto

La otra vía que muchos nos hemos planteado alguna vez es hacernos nuestro propio ERP para tenerlo todo bajo control. Y, a veces, tiene todo el sentido del mundo. Pero tiene una serie de inconvenientes. La herramienta hay que cuidarla, está viva, hay que mantenerla y adaptarla a la normativa y las necesidades del negocio. Cada cambio, lo tienes que asumir tú. Además del coste de oportunidad del equipo técnico que deberás tener, estarás invirtiendo en mantener en lugar de crear valor diferencial.

En algunos casos tiene sentido hacerlo de esta manera, aunque normalmente, no es la mejor solución para una pyme o mediana empresa. Generalmente la mejor combinación suele ser un híbrido. Combinar uno o dos SaaS con alguna aportación propia que tenga lógica con lo que haces, con tu negocio y, por supuesto, integrar todo en un único acceso para que la experiencia de tu equipo sea buena.

Entonces, ¿qué le pido a mi SaaS?

Nosotros consideramos que un SaaS debe tener bien resueltas determinadas cuestiones. Que haga muy bien lo que es crítico para tu negocio y para cumplir la ley, se integre con el resto de tu ecosistema y que lo que no hace, puedas resolverlo de un modo sencillo en tu día a día. Y muy importante, que no te haga cautivo, que puedas decidir dejar de utilizarlo sin que sea un proceso traumático.

Como en la escena de “Cuando Harry encontró a Sally”, no se trata de encontrar a alguien perfecto, sino a alguien cuyas imperfecciones puedes querer.

Y hay una frase de Robin Williams a Matt Damon en “El indomable Will Hunting” que, para mí, resume muy bien todo esto y decía algo así.

Tú no eres perfecto y la chica que conociste, tampoco es perfecta, lo único que importa es si sois perfectos como pareja, esa es la clave.

Ningún SaaS es perfecto, tu empresa tampoco lo es y tus procesos menos todavía. La pregunta importante no es si la herramienta es perfecta, sino si juntos funcionáis bien.

Saltra, nuestro SaaS, tampoco es perfecto y pienso que todas las asesorías y empresas que se dediquen a la gestión laboral deberían conocernos, porque tal vez, funcionemos como pareja.

¿Y tú sigues buscando a alguien perfecto o alguien que te complemente y te haga crecer?